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La enfermedad cerebrovascular - Conciencia por la vida
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La enfermedad cerebrovascular

Si le preguntamos a cualquier persona qué entiende por “infarto”, seguramente nos responderá que es un padecimiento severo del corazón. Aunque es cierto que el infarto que más nos interesa por su alta frecuencia y letalidad es el cardíaco, otro órgano vital es también vulnerable a esta condición: el cerebro. Tal y como ocurre en un infarto al corazón, nuestro cerebro también puede quedarse desprovisto de sangre debido a coágulos que obstruyen el flujo sanguíneo, lo cual tiene consecuencias igualmente catastróficas. Además, nuestro sistema nervioso es susceptible también a un sangrado interno o derrame cerebral. A cualquiera de los dos eventos, infarto o sangrado, se les engloba como accidente o enfermedad cerebrovascular (EVC).

Independientemente de si el EVC es consecuencia de un sangrado o un infarto, el resultado final en cualquiera de los dos escenarios es el desabasto de sangre a nuestras neuronas, las cuales pueden morir rápidamente si no reciben los nutrientes necesarios. Esta situación se complica aún más si consideramos que el tejido cerebral tiene un ritmo de restauración extremadamente lento, lo que prácticamente garantiza secuelas permanentes en los casos en los que no ocasiona la muerte.

Al igual que en las enfermedades del corazón, el origen del EVC está dado principalmente por un estilo de vida poco saludable. El sedentarismo y los malos hábitos alimenticios elevan el colesterol sanguíneo e incrementan el riesgo de padecer hipertensión arterial y diabetes, las cuales son condiciones vinculadas con el desarrollo del EVC. Por un lado, el colesterol puede obstruir las arterias que se dirigen al cerebro y provocar un infarto, mientras que la hipertensión arterial descontrolada puede ser lo suficientemente alta como para romper los vasos sanguíneos cerebrales y ocasionar un derrame. Por su parte, la diabetes genera daño continuo a las paredes de los vasos, lo que promueve la formación anormal de coágulos.

Debido a que el EVC comparte factores de riesgo con el infarto al corazón, para su prevención aplican las mismas medidas. Una alimentación saludable, baja en grasas y azúcares refinados, de la mano con actividad física regular, disminuyen el riesgo de padecer hipertensión arterial, diabetes y colesterol elevado, por lo que en consecuencia también previenen el desarrollo de un EVC. Desgraciadamente, a pesar de que la mejor estrategia preventiva está al alcance de todos, el EVC es la principal causa de incapacidad en adultos y la quinta causa de mortalidad en México. Es por que también es importante saber reconocer un EVC y actuar rápidamente ante un evento de este tipo. El acrónimo F.A.S.T. corresponde a una serie de signos característicos que se presentan de forma súbita en la mayoría de los casos de EVC, por lo que deben servirnos de guía para pedir ayuda especializada:

  • F: Face drooping (cara caída).
  • A: Arm weakness (debilidad en los brazos).
  • S: Speech difficulty (dificultad para hablar).
  • T: Time to call 911 (hora de pedir ayuda).

Además de estos, algunos otros síntomas de EVC a los que debemos reaccionar son: confusión repentina, disminución súbita de la visión, alteración del equilibrio o dolor de cabeza severo sin causa aparente.

En personas que tienen alto riesgo de padecer un EVC por infarto (diabéticos, hipertensos, o con colesterol elevado), se puede indicar tratamiento farmacológico para disminuir la formación de coágulos en la sangre. Naturalmente, en aquellos que ya han sufrido un EVC dicho tratamiento debe ser más riguroso, incluyendo medicamentos anticoagulantes más potentes. En el caso de los EVC por sangrado o derrames, el control de la hipertensión arterial es de suma importancia.