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El trastorno bipolar: mucho más que solo cambios de humor - Conciencia por la vida
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El trastorno bipolar: mucho más que solo cambios de humor

El empleo de la palabra “bipolar” se usa en contexto coloquial para describir a una persona que presenta cambios de humor repentinos y sin causa aparente. Si bien es cierto que el término guarda cierta relación con la definición pisquiátrica, poca justicia se le hace a la verdadera bipolaridad cuando se utiliza de esta manera.

El trastorno bipolar es una condición médica psiquiátrica que impacta de manera severa la calidad de vida de la persona que la padece y de los que se encuentran en su círculo social, familiar o laboral cercano. El principal problema con el paciente bipolar es que su condición le predispone verdaderas catástrofes en diversos ámbitos de su vida, como serían el abuso de sustancias, deudas mayores, crisis familiares, conflictos laborales o académicos, e incluso el suicidio.

Aunque puede presentarse en personas de más de 50 años de edad, la bipolaridad suele iniciar en la juventud, típicamente entre los 20 y los 30 años, y es más común en personas que tienen familiares directos con la enfermedad. Cabe resaltar que las mujeres padecen este trastorno con mayor frecuencia y severidad, pues se ha relacionado a condiciones médicas características o más comunes en el sexo femenino, como lo son las variaciones hormonales durante la vida reproductiva y las enfermedades tiroideas.

Existen diversos tipos de bipolaridad, sin embargo, a manera de generalización se puede decir que se define por episodios de depresión alternados con períodos de manía. Durante las fases depresivas, los pacientes pueden presentar emociones apagadas, con poco o nulo interés por lo que normalmente disfrutan, así como irritabilidad y pensamientos negativos, como el deseo de morir o de que la vida no tiene sentido. También son comunes las alteraciones del sueño, siendo más frecuente que duerman de manera excesiva que el insomnio.

En contraste, los episodios de manía pueden entenderse como lo opuesto a un cuadro depresivo. Éstos consisten en un estado de euforia continua, en la que la persona suele sentirse superior a los demás y mostrarse con excesiva confianza. También duermen por muchas menos horas y sorprendentemente refieren sentirse descansados a pesar de la falta de sueño. Aunque en cierto sentido la manía pueda percibirse como algo bueno, presenta numerosos problemas. En primer lugar, el optimismo desmedido de los maníacos es frágil. Si se les presenta algún obstáculo a sus ideas suelen reaccionar con irritabilidad excesiva e incluso de manera violenta. También, al estar sumergidos en sus ideas de grandeza, suelen tener ideas “maravillosas” que los llevan a cometer indiscreciones, tomar decisiones críticas de manera impulsiva y radical, o gastar grandes cantidades de dinero.

Conociendo ambas caras de la bipolaridad, es fácil entender por qué se considera una entidad tan problemática, sobre todo para las personas cercanas al paciente. Por esta razón, estabilizar las emociones de la persona bipolar y evitar nuevos episodios maníacos o depresivos son los principales objetivos del tratamiento, y para esto los psiquiatras utilizan diferentes medicamentos que actúan en el sistema nervioso. Dependiendo del avance y la severidad de la enfermedad, así como la fase actual en el que se encuentre (manía o depresión), el especialista primero utilizará una combinación específica de algunos fármacos para corregir el estado actual del paciente y luego continuará con otra modalidad de tratamiento para reducir la frecuencia de las crisis depresivas o maníacas. También solicitará estudios de sangre de manera recurrente para verificar que los niveles de medicamento se encuentren dentro de los rangos adecuados.