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La epidemia de obesidad - Conciencia por la vida
20159
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La epidemia de obesidad

Cuando escuchamos la palabra “epidemia”, es normal que en nuestra mente aparezcan imágenes de una sociedad en cuarentena, donde las actividades normales se han suspendido temporalmente para evitar la propagación de la enfermedad. Ejemplos de estas catástrofes los hemos visto con algunas enfermedades infecciosas, desde la peste bubónica en la edad media hasta en los últimos años con el VIH en todo el mundo y la influenza AH1N1 en nuestro país. Sin embargo, una triste realidad es que actualmente nos azota una epidemia de proporciones globales, es decir, una pandemia, que si bien no es tan evidente como las epidemias clásicas con las que estamos familiarizados, cumple todos los criterios para ser catalogada como tal. Estamos hablando de la obesidad, la primera epidemia no infecciosa en la historia.

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, la obesidad y el sobrepeso se definen como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. En este sentido, no es realmente una novedad decir que las personas obesas o con sobrepeso son víctimas de infartos con mayor frecuencia, sin embargo, a diferencia de lo que mucha gente piensa, el daño que provoca la obesidad no se queda sólo a este nivel. Prácticamente todos los aparatos y sistemas del organismo se ven afectados por esta condición. Por ejemplo, el exceso de grasa puede comprimir las vías respiratorias y dificultar el paso del aire al dormir, ocasionando ronquidos y un sueño poco reparador que se manifiesta con somnolencia y fatiga diurna. En el aparato gastrointestinal puede generar enfermedad por reflujo gastroesofágico, una condición que ocasiona malestar continuo por el paso de un exceso de  ácido gástrico hacia el esófago y que puede generar cáncer en este órgano de no atenderse debidamente. También se asocia a hígado graso, con lo que incrementa el riesgo de cirrosis y cáncer hepático, así como a la formación de piedras en la vesícula.

En el esqueleto, el exceso de peso mantenido por el suficiente tiempo genera deformaciones y lesiones en las articulaciones y los huesos, sobre todo en las rodillas y la columna. La obesidad es también uno de los factores de riesgo más importantes para desarrollar diabetes tipo 2, gota y la elevación excesiva del colesterol. Incluso durante el embarazo, el sobrepeso y la obesidad se relacionan con mayores complicaciones durante el trabajo de parto y abortos espontáneos. Finalmente, ciertos tipos de cáncer son más frecuentes y más severos en las personas obesas o con sobrepeso, como lo son el de próstata, intestino, ovarios, mama, útero y vesícula biliar.

Después de todo lo anterior resulta evidente la razón por la cual el sobrepeso y la obesidad representan un serio problema de salud pública. Sin embargo, a diferencia de las epidemias infecciosas “tradicionales”, la obesidad no surge de un microbio que se pueda destruir con un medicamento, ni puede limitarse con el aislamiento de la gente enferma. El origen de la obesidad está en nuestro estilo de vida, sobre todo en el entorno urbano, y está muy ligado a la comodidad que conlleva el sedentarismo, por lo que idear una estrategia para combatirla resulta mucho más complejo. Cabe resaltar también que en los últimos años, sobre todo en ciertos sectores de la cultura occidental, se está promoviendo la obesidad como algo normal, lo que se añade al ya de por si complicado panorama. Es debido a todo este contexto social que las estadísticas de salud en todo el mundo revelan que, más que resolverse, el problema del sobrepeso y la obesidad se hace cada vez más grande. En Estados Unidos en el año 2003 se reportó que el 66.2% de los adultos y el 17.1% de los niños y adolescentes de ese país tenían sobrepeso u obesidad, y que, de continuar con esa tendencia, para el año 2030 esta condición afectaría al 86.3% de los adultos estadounidenses. En México la situación no es mejor. De acuerdo a la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) del 2016, el 72.5% de los adultos y el 36.3% de los niños y adolescentes tienen sobrepeso u obesidad. Estas cifras colocan a nuestro país en segundo lugar en obesidad adulta y en primer lugar en obesidad infantil a nivel mundial.

Como podemos ver, el sobrepeso y la obesidad no deben tomarse a la ligera. Debemos fomentar un cambio en la cultura sedentaria actual y priorizar un estilo de vida saludable, donde una buena dieta y el ejercicio se ajusten a nuestra vida diaria y no pasen a segundo plano, como ocurre con la mayoría de las personas. Apegarnos a un buen estilo vida puede requerir de mucha disciplina, sin embargo, al hacerlo no sólo estaremos incrementando nuestra calidad de vida a corto y largo plazo, sino que contribuiremos también a reducir los gastos en salud y a mejorar el pronóstico que tenemos como sociedad.