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Entendiendo el síndrome metabólico - Conciencia por la vida
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Entendiendo el síndrome metabólico

El síndrome metabólico es una condición de la que se habla cada vez más en el ámbito médico, al grado que el término empieza ya a permear hacia el dominio público. Sin embargo, el entendimiento general suele no ir más allá su relación con la obesidad. Es por esto que en este texto se pretende profundizar un poco en el tema, con la intención de comprender la razón por la que el síndrome metabólico está tan de moda en el área de la salud.

Para comprender qué es el síndrome metabólico, primero es necesario entender el significado de los términos que componen su nombre. Al escuchar la palabra “síndrome” normalmente se piensa en enfermedades genéticas, como es el caso del síndrome de Down, en el que las personas que lo padecen comparten una serie de rasgos en común que sirven para detectar la enfermedad. Un síndrome entonces, médicamente hablando, se refiere a una condición que se compone de diversos síntomas y hallazgos que se presentan juntos. Un ejemplo más coloquial podría ser el síndrome febril, en el que las personas tienen incremento de la temperatura corporal, sensación de fatiga y malestar general. En este sentido, usando este concepto como base, el síndrome metabólico se integra por una serie de alteraciones que tienden a presentarse en conjunto y que reflejan un problema en el metabolismo.

Si bien es cierto que en el origen del síndrome metabólico puede existir cierta predisposición genética, en la mayoría de los casos éste surge de los malos hábitos alimenticios y el sedentarismo. Todo comienza con la acumulación excesiva de grasa corporal, sobre todo en el área abdominal, derivada justamente de la inactividad física y del consumo excesivo de alimentos ricos en calorías. La grasa, a diferencia de lo que mucha gente piensa, es un tejido vivo que tiene muchas funciones además de su tradicional rol como almacén de energía, siendo algunas de estas perjudiciales en escenarios particulares, como en el sobrepeso y la obesidad. En estos casos, el exceso de grasa presente en el abdomen poco a poco ocasiona una disminución en la capacidad del cuerpo para aprovechar el azúcar como fuente de energía, por lo que ésta se acumula en la sangre y puede llegar a ocasionar diabetes. En consecuencia, al no poder usar el azúcar como su principal recurso energético, el organismo recurre a las grasas, liberando elevadas cantidades de éstas a la sangre, lo que lleva a un aumento en los niveles de colesterol y triglicéridos. Finalmente, el exceso de grasas y azúcar en la sangre generan daño en las paredes de los vasos sanguíneos, provocando que éstos se contraigan de manera sostenida e incrementando así la presión arterial.

Una vez revisados el origen y la evolución del síndrome metabólico, se puede ver con mayor claridad que la relación que existe entre el sobrepeso, el exceso de azúcar en la sangre (componente cardinal de la diabetes), el aumento de las grasas y la presión arterial alta no es mera casualidad. Todas éstas entidades se presentan juntas en la mayoría de los casos, y es por esto que al síndrome metabólico se le identifica como tal.

Por otra parte, tampoco es coincidencia que el síndrome metabólico sea un tema de gran importancia en el campo de la medicina. Además de su exageradamente alta frecuencia, resulta que todos sus componentes, es decir, el exceso de azúcar sanguínea, el aumento de las grasas en la circulación y la hipertensión arterial, incrementan el riesgo de padecer un infarto además de generar otras alteraciones de manera independiente. Sin embargo, no todas son malas noticias. Tomando en cuenta que todos estos problemas comparten su origen en el sedentarismo y la mala dieta, se pueden prevenir y controlar todos llevando un estilo de vida saludable. Además, en el caso de que estos cambios en la dieta y la actividad no sean suficientes, existen medicamentos que complementan estas medidas.