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Colesterol, ¿bueno o malo? - Conciencia por la vida
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Colesterol, ¿bueno o malo?

Es bien sabido que un problema doméstico relativamente común es la obstrucción de la red de tuberías. Ya sea en la cocina o en el baño, la falta de mantenimiento o la presencia de ciertas sustancias en el agua pueden ocasionar la acumulación gradual de sarro, estrechando cada vez más del espacio disponible para el flujo del agua. De ser desatendida, una situación de este tipo puede ser bastante molesta, sin embargo, si trasladamos este mismo escenario a nuestro organismo, las consecuencias podrían ser mucho más severas. Nuestro organismo cuenta con una red de conductos conocidos como vasos sanguíneos, los cuales cumplen la importantísima función de transportar la sangre hasta el último rincón de nuestro cuerpo. Sin embargo, al igual que las tuberías de una casa, éstos pueden taparse. En este caso, no es precisamente el sarro el culpable de obstruir la circulación, sino una sustancia grasa conocida como colesterol.

A pesar del desprestigio que tiene, el colesterol es un recurso muy valioso para nuestro cuerpo, pues a partir de él se fabrican hormonas, bilis y algunos de los componentes de nuestras células. Por este motivo, no podemos deshacernos completamente de él. Además, existen diferentes tipos de colesterol. Tenemos al colesterol que tiende a precipitarse en las paredes de los vasos sanguíneos, conocido como colesterol LDL (lipoproteína de baja densidad, por sus siglas en inglés) o colesterol malo, y al colesterol que limpia los acúmulos de colesterol colapsados en la circulación, al cual llamamos colesterol HDL (lipoproteína de alta densidad, por sus siglas en inglés) o colesterol bueno.

Conociendo las funciones de los tipos de colesterol resulta evidente que es lo se debe hacer para conservar una circulación saludable: evitar que aumente la concentración de colesterol LDL en nuestra sangre y mantener en niveles adecuados el colesterol HDL. Afortunadamente, para disminuir la cantidad de colesterol malo en nuestra sangre y aumentar los niveles del bueno, las medidas que deben implementarse están al alcance de todos: En primer lugar, debemos cuidar nuestra alimentación. El consumo de grasas saturadas, las cuales abundan en los embutidos, los lácteos y las carnes rojas, tienen un alto contenido de grasa y pueden disparar nuestros niveles de colesterol si los consumimos muy seguido. De igual manera, los productos con alto contenido de azúcares refinados, como los refrescos, los dulce o las harinas, pueden incrementar la concentración de varios tipos de grasas en nuestra sangre. En cuanto a lo que sí debemos consumir, es recomendable priorizar el consumo de fibra y de carbohidratos complejos, los cuales se encuentran en las frutas, verduras y cereales. Por otra parte, para subir el colesterol bueno, muchas de las medidas ya mencionadas son también de utilidad. Sin embargo, es importante que consideremos incluir en nuestra alimentación productos ricos en ácidos grasos omega 3, como el pescado o ciertos aceites vegetales. Finalmente, la práctica de ejercicio de manera regular, es decir, por al menos media hora la mayoría de los días de la semana, nos ayudará en todos los sentidos. Particularmente ejercicios de intensidad leve a moderada pero mucha duración, como el ciclismo o la natación, son los más recomendables.

A pesar de un apego estricto, en ocasiones estas medidas pueden no ser suficientes para lograr los niveles óptimos de colesterol. Es en estos casos que se recurre al tratamiento farmacológico, el cual consiste en administrar medicamentos que disminuyen la fabricación de colesterol en el hígado o que impiden su absorción en el intestino.

Si en su familia son comunes las enfermedades del corazón, si lleva un estilo de vida poco saludable o si nunca se ha hecho una prueba de colesterol sanguíneo, es recomendable que se haga un perfil de lípidos y que acuda con su médico de confianza y de esta forma sabrá si es necesario tomar medidas antes de que pueda presentarse una complicación.